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Del libro de texto al libro de doctrina

Los materiales de estudio deben difundir el conocimiento, no proclamar verdades irrebatibles

Lo menos parecido a un libro libre es el Libro de Texto Gratuito, que se utiliza (y se impone, porque es obligatorio) en la educación básica de México. Nació en el sexenio de Adolfo López Mateos con la creación de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), en 1959, y lo cristalizó el secretario de Educación Pública Jaime Torres Bodet quien, para entonces, ya había estado al frente de la SEP, en una primera ocasión, y había sido también secretario de Relaciones Exteriores y director general de la Unesco.

Salió de la imprenta, por primera vez, en 1960. Apoyado por un grupo de importantes intelectuales con la función de evaluadores (Agustín Yáñez, Ignacio Chávez, Alfonso Reyes, José Gorostiza, entre otros), Torres Bodet produjo un material con las mejores intenciones: constituir una guía para el aprendizaje y una referencia para el maestro; pero con un problema de origen: la “oficialización” del conocimiento, especialmente en las humanidades, en donde hay tanto por debatir, por cuestionar, por examinar y comprender. Si en las ciencias sociales se impone una verdad única, los libros se convierten en proveedores de dogmas.

Esto ocurrió con los Libros de Texto Gratuitos que, de panacea, devinieron en némesis y en enfermedad: cada gobernante y cada partido en el poder (durante más de 70 años, el PRI) impusieron la verdad oficial según su conveniencia. No podían decir, en los libros de matemáticas, que dos más dos es igual a cinco, pero sí podían hacerles creer a los niños, y a los padres de los niños, que el gobierno era revolucionario, igual que su partido. Durante muchos años, ante alguien terco y con cierto poder, una discusión se zanjaba en México con el famoso y hoy obsoleto dicho popular: “¡A ver, gánale al PRI!”.

¡Pruebas al canto! En el “Bloque IV” del Libro de Texto Gratuito de Historia, para quinto grado de primaria (tercera edición, 2019; ciclo escolar 2019-2020), se reseña el movimiento estudiantil de 1968 y se señala que, en sus protestas, “los jóvenes demandaban un nuevo orden social”, pero que el 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, “los manifestantes fueron agredidos. Muchos murieron, otros resultaron heridos y encarcelados. La hostilidad del gobierno y de los medios de comunicación hacia el movimiento estudiantil fue tal que su magnitud fue silenciada”. En ningún momento se menciona que la masacre (término éste que no se utiliza jamás) fue obra del ejército mexicano y de los paramilitares del “Batallón Olimpia”, ni se nombra a quien dio la orden de este genocidio: el presidente Gustavo Díaz Ordaz. Tal como está la redacción en el libro de texto, un niño podría imaginar que los manifestantes fueron “agredidos” por extraterrestres.

En el siguiente bloque del mismo libro de texto podemos saber que después de los más de 70 años de priato (y de la “democracia bárbara”, así calificada por José Revueltas), llegaron los panistas (con Fox y Calderón), y después la pachanga del disparate con Peña Nieto (del PRI), a la que le sucedió el show de la mañaneras de López Obrador (de Morena). Desde luego, no está dicho en estos términos, pero todo esto se reseña en prosa burocrática, para, inmediatamente después, aventarles el siguiente choro a los infantes de diez años: “De este modo, en las primeras décadas del siglo XXI se ha registrado en México un proceso de alternancia en el poder entre diferentes partidos políticos. Esto significa que ya no es sólo un partido político [¿cuál?, ¿por qué no lo nombran?] el que gobierna el país, los estados y los municipios” [¿acaso los estados y los municipios no son partes integrantes del país?].

Desde la primera página del libro de texto se asegura que en su elaboración “han participado alumnos, maestras y maestros, autoridades escolares, expertos, padres de familia y académicos; su participación hizo posible que este libro llegue a las manos de todos los estudiantes del país” [¿y de los estados y los municipios?]. En tanto a más gente se involucre, al menos en los créditos, mayor aval de “legitimidad popular” se consigue. Obviamente.

En el Diccionario de lectura y términos afines (1985), el “libro de texto” se define del siguiente modo: “el libro sobre una materia determinada que se utiliza como guía para la enseñanza y aprendizaje, sobre todo en escuelas y facultades”. En el Diccionario de tipografía y del libro (1992), de José Martínez de Sousa, la definición es más afín con el libro de texto gratuito mexicano: “Dícese del que usan los escolares para sus estudios”. Pero una cosa es el libro de texto como “guía” y otra, muy diferente, es el libro de texto como dogma, como una verdad fija, que impone un conocimiento estandarizado, esto es, irrebatible.

En su libro Dinero para la cultura (Debate, 2013), Gabriel Zaid se ocupa de este tema tan significativo y advierte que el texto único y La Hora Nacional son una y la misma cosa: “Los niños del mundo fronterizo en Tijuana, del mundo criollo en los Altos de Jalisco, del mundo zapoteco en la Sierra de Oaxaca, del mundo costeño en Tlacotalpan, del mundo burocrático en el Distrito Federal, no tienen por qué ser estandarizados”. Y añade: “La verdadera solución es que no haya un solo libro de texto, sino muchos, preparados por distintos editores, no por la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos”. Para Zaid, estandarizar los libros de texto en México fue una muy mala idea de Torres Bodet, pues no sólo estandarizó ideas debatibles, sino que también centralizó en el gobierno el conocimiento que se vuelve propaganda del partido y del presidente imperial en turno.

Recientemente, la Secretaría de Educación Pública, a cargo de la maestra Delfina Gómez, anunció, por conducto del director general de Materiales Educativos, el doctor Marx Arriaga Navarro, la reelaboración y el rediseño de los libros de texto gratuitos de la educación básica ¡bajo la guía pedagógica del “Che” Guevara! (“el odio como factor de lucha”, “mis amigos son mis amigos mientras piensen políticamente como yo”, “es criminal pensar como individuos”, “en caso de duda, mátalo”). Advirtió: “Como el ‘Che’ Guevara señalara, es una fantasía realizar las metas del socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo”. Y esto lo extrapola a la reformulación de los libros de texto gratuitos.

O sea ¡que de socialismo se trata! Guardadas las insalvables distancias, como dijese Octavio Paz, refiriéndose a Monsiváis, el funcionario Marx Arriaga “no es un hombre de ideas, es un hombre de ocurrencias”. ¡Ya fundó el socialismo en la SEP, a partir de la matonería transformada en glamur progre sobre la famosa foto de Korda! Cual genio salido del humo de la Luger del pedagogo Guevara (machista, racista, homófobo y genocida), hará nuevos libros de texto gratuitos al margen del sistema capitalista (seguramente sin sueldo alguno, sin acumulación económica para su bolsillo, es decir, gratuitamente: ¡como congruente rechazo a las armas melladas del capitalismo!), para legitimar la propaganda, ya no del PAN, ya no del PRI (o sí del PRI, del peor PRI cuadritransformado), ya que los libros de texto gratuitos serán morenistas o no serán, serán guevaristas-marxianos o no serán.

Para no ahogar su sagrado éxtasis de fervor ideológico “en las aguas heladas del cálculo egoísta”, este Marx (que no es el de Tréveris y al que se ve que no ha leído), vela porque “no se permita una segregación y un predominio o privilegio en algún sector”, ¡pero sólo admite su ideología! Con los libros de texto gratuitos cuadritransformados quiere generaciones de estudiantes ya ni siquiera informados, sino sólo ideologizados y fanatizados. Más que educación para el desarrollo intelectual, los alumnos recibirán escolarización para la formación de cuadros del partido. ¿De cuál partido? La pregunta es necia. ¡Bienvenidos a la cuarta transformación guevarista y marciana (sí, marciana) de la nueva escuela mexicana!

Acerca del autor

Juan Domingo Argüelles
Fabulaciones

Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018), Escribir y leer en la universidad (ANUIES, 2019), La prodigiosa vida del libro en papel: Leer y escribir en la modernidad digital (Cal y Arena/UNAM, 2020) y ¡No valga la redundancia!: Pleonasmos, redundancias, sinsentidos, anfibologías y ultracorrecciones que decimos y escribimos en español (Océano, 2021). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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