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C’Mon C’Mon: el regreso del verdadero cine

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Después de tantos blockbusters y remakes, obras íntimas como esta nueva propuesta de Mike Mills, protagonizada por Joaquin Phoenix, representan un regreso muy necesario hacia las historias que realmente necesitamos

Como audiencia, parecemos estar acostumbrados a que los estrenos en cines conlleven la idea de blockbusters, franquicias o remakes de obras que hemos visto incontables veces. Olvidamos que el medio es mucho más que eso. Quizás sea que la interminable pandemia nos ha alejado de las pantallas y nos ha llevado al sofá de casa. Pero C’Mon C’mon, lo nuevo de Mike Mills, es un recordatorio de que el cine se vive en la intimidad, en la rutina, en el cambio y la reflexión.

En el papel titular, Joaquin Phoenix interpreta a Johnny, un productor de radio y periodista que se encuentra realizando una serie de entrevistas a niños y jóvenes de Estados Unidos sobre el futuro y su papel en la sociedad. Reunido con su hermana Viv (Gaby Hoffman), Johnny entabla una fraternal relación con su sobrino Jesse (Woody Norman).

Johnny viaja de Nueva York a Los Ángeles para cuidarlo unos días mientras Viv se traslada a Oakland para atender a Paul (Scoot McNairy), el padre de Jesse, quien está sufriendo de episodios mentales. Lo que comienza como una tarea de fin de semana comienza a extenderse cuando los temas con Paul se complican. Es así que Johnny y Jesse conviven las 24 horas. Se conocen, pelean, se entienden, aprenden.

Se trata de una relación que crece conforme ellos se conectan y confrontan. Johnny se enfrenta a su soledad mientras que Jesse con su incapacidad por encajar. Es ahí donde radican el corazón y el conflicto de C’Mon C’Mon.

En la fórmula de unión de opuestos, Mills entrega una película íntima, hermosa, profundamente conmovedora. En su primer protagónico desde Joker, Phoenix da un giro hacia lo que mejor sabe hacer: una introspectiva sutil que vive en los pequeños momentos, en los orgánicos diálogos que tiene con un sorprendente Woody Norman.

Jesse obliga a Johnny a confrontarse consigo mismo, a su divorcio, a la muerte de su madre y a las razones por las que se ha alejado de Viv y no tiene relación alguna con su único sobrino.

En un recorrido por las ciudades de Estados Unidos, C’Mon C’Mon crea una reflexión sobre la juventud y sus viscicitudes. El peso sobre Jesse es gigantesco: no sólo debe confrontarse con la separación de sus padres sino con su configuración como un joven peculiar con gustos distintos y un padre con problemas emocionales. Mills es sutil en su ejecución pero obvio en mostrar la temática y no tiene miedo en confrontar al espectador con lo que quiere decir.

C’Mon C’Mon es un giro necesario a las obras que han llenado recientemente las salas. Un regreso al cine que nos hace amar el cine. El coming of age que necesitamos para regresar a ser nosotros.

salvador medina en suplemento campus
Salvador Medina
Director Editorial del Suplemento Campus

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