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Carta a mis estudiantes y a los espíritus libres del mundo

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Escribo esta carta con motivo del regreso a clases presenciales en la FCPyS de la UNAM y en la UACM. Se las escribo a las y los estudiantes que hoy cursan conmigo en las clases de historia, sociología y ciencias políticas en ambas universidades, la gran mayoría de lxs cuales tiene una matrícula en la universidad pero no ha tomado clases en los espacios universitarios y no ha podido impregnarse del sentido de universalidad que hay en ellos. En fin, se las dirijo a lxs casi 500 estudiantes con quienes he compartido estos dos años de pandemia, que no conocen sus universidades y que en esta semana inician un proceso que les ha de cambiar la vida.

Como el poema de Constantino Cavafis, Ítaca, entenderán, con el pasar del tiempo, que lo sustantivo e importante se encuentra en el viaje: “pide que el camino esté lleno de experiencias y conocimientos” sentencia el poeta. Inician una experiencia en la cual,  encontrarán mejores amigxs, grandes amores, enriquecimiento intelectual y crecimiento emotivo. ¡Disfrútenlo, se lo merecen! Sobrevivimos a una Pandemia, se dice fácil, pero  muchos otrxs: seres queridxs, entrañables, desafortunadamente no lo lograron. El dolor y el cambio siempre ayudan a crecer, nos permiten entender la importancia de ser mejores y avanzar; disfrutar la felicidad cuando se tiene.

Cerramos un ciclo, que lo ha cambiado todo; creemos que la realidad es igual o similar, pero el sustrato de la convivencia social, del intercambio emocional y el sentido de la existencia han cambiado. ¿Para bien? No lo sé, quisiera certezas sobre ese tema; espero que así sea. Por lo menos sé de cierto que con aquellas y aquellos que compartí el tiempo-vida deshilvanado en las clases virtuales así será. Pues sobre el compromiso profesional de aprender y construir una educación de calidad, siempre estuvo el compromiso ético de ser mejores personas, de contribuir a crear una sociedad más justa y construir un mundo más bello: un mundo en el que la libertad, la tolerancia y el respeto a lo diferente fuera una realidad cotidiana.

Es verdad que falta mucho para llegar a ese lugar utópico, pero lo fuimos imaginando cuando reflexionamos junto a Bolívar Echeverría, Enrique Dussel, Boaventura de Sousa Santos y Pablo Gonzáles Casanova, por recordar sólo algunos de los maestros que nos permitieron entender que un mundo distinto y más allá del capitalismo no sólo es posible, sino urgente y necesario. Fue un compromiso tácito desde la ética, el fin ultimo de la pedagogía liberadora, dialógica y dialéctica que ensayamos en nuestras sesiones, por lo cual ahora la retomo, la convoco y la reitero. Es posible cambiar el mundo si pensamos que es posible hacerlo y actuamos en consecuencia.

Difícil, por supuesto. También lo comentamos en las clases: ¿Existe algo que verdaderamente valga la pena sin esfuerzo? Concluíamos que no: que no existe recompensa sin sacrificio. Entendimos que las cosas bellas de la vida están al alcance:  como disfrutar del sol, de una sombra, del agua, del viento y un atardecer, por ejemplo; pero también aprendimos que si hablamos en sentido social y político, es necesario tener injerencia en la realidad, cambiar las condiciones de la existencia, pues no vivimos en un sistema basado en a justicia y es urgente transformarlo. En fin, pensamos, junto con Karl Marx, que no se trata únicamente de pensar el mundo, sino de transformarlo.

Inspiremonos en los médicos, enfermerxs, laboratoristas, camillerxs y en los trabajadores que expusieron su vida en estos dos duros años de pandemia, quienes hicieron posible que el sistema médico no colapsara y que los servicios esenciales siguieran funcionado. A ellos, en gran medida, les debemos estar vivxs. ¿Se cansaron? Por supuesto; pero no claudicaron, ni se detuvieron. Son esos los ejemplos que debemos seguir y a quienes debemos reconocer permanentemente su esfuerzo. Un verdadero compromiso implica no abandonar frente a la duda, porque seguir nos fortalece y es la característica de los grandes espíritus; aquellos que son tan libres que se saben entregar y aceptan ayudar, amorosamente, al prójimo y al desconocido.

Cómo les comentaba, el Mundo ha cambiado y un ciclo se ha cerrado. Desearía, en este punto, ofrecerles sólo palabras de bienaventuranza y aliento, pero según vamos entrando en el otro gran ciclo que nos depara la historia, la realidad ensombrece y se llena de enormes incertidumbres. Los tambores de la guerra han sonado y ellos son los que cerraron, abruptamente, el ciclo de la pandemia. Fue por esas condiciones de guerra que me decidí a escribir esta carta pues, aunque saben que les tengo un enorme cariño, la preocupación me llamó a tomar la pluma y construir la presente reflexión. Es un llamado de alerta pues, como lo comentaba Walter Benjamin hace 80 años, la violencia sistemática es una constante y no la excepción a la regla.

En ese sentido, no nos dejemos engañar: en una guerra no hay vencedores ni vencidos del lado de las víctimas, sólo cuerpos mancillados, cercenados, violentados. No puede haber victoria posible sobre comunidades devastadas; y aun así, los que detonan las guerras son quienes intentan escribir el punto final, en la ultima versión de la historia. No hay buenos ni malos en el actual conflicto bélico, sólo distintas visiones de imperialismos que se disputan un nuevo reparto del mundo: EE.UU, Europa, Rusia y China. No entraré en detalles de las características y pretensiones de las alianzas y los imperialismos involucrados, pues eso no es la finalidad del presente escrito, sino de evidenciar que la persecución final de la actual guerra, iniciada hace décadas, no es la justicia sino la expansión y el lucro de todas las partes involucradas.

Es un mundo desolador y terrible el que les prometen: crisis, tras crisis, guerras después de pandemia. No podemos seguir así, este modelo no nos puede ofrecer algo mejor, hay que cambiarlo: Pandemias, guerras, incendios, tornados, inundaciones, hambrunas… No, no son casualidad, son el resultado de un sistema depredador que clama por más víctimas y devastaciones. También esto lo abordamos en las clases, no es nuevo; pero las circunstancias ameritan reflexiones urgentes y amplias iniciativas: solidarias, inteligentes, las cuales modifiquen la orientación de las actuales circunstancias y nos permitan construir un mundo mejor. Lo anterior es posible, pero urge lograr un cambio  mundial y construir iniciativas que vayan en ese sentido.

Creo en ustedes, en la profunda eticidad de sus principios y en en las fortalezas que habrán de mostrar. Saben que pueden contar conmigo. Necesitamos crecernos frente a la barbarie y ser capaces de vencer todos los obstáculos por venir: la desinformación, la apatía, la desorganización, la desmovilización, la violencia, el terror. Son los retos que nos tocó vivir, pero justo en ellos está la salvaguarda del pasado hecha futuro. ¿Recuerdan a Walter Benjamin y el sentido del tiempo mesiánico? Ese tiempo llegó, es el tiempo del ahora, de no esperar a ser liberados sino ser la causa primera y libre de nuestras acciones de liberación. Dentro de ese caos, les deseo la mejor y la más plena de las experiencias y todo los éxitos.

¡Quiéranse, amen, vivan intensamente!

3 de marzo, Coyoacán, México, Planeta Tierra.

Marco Velázquez Vergara
Profesor FCPyS/UNAM y UACM

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