Regla de tres 857

Las firmas de Campus

Carlos Reyes

Carlos Reyes

Periodista. Especializado en el sector educativo.
Correo electrónico: cra19762003@yahoo.com.mx
Twitter: @carlosr16914827

Regla de Tres 857

Regla de tres 857

Se derrumban los contrapesos. Como si no hubiese demasiadas y tan claras señales del desprecio y la poca importancia que le da el actual gobierno al sistema de ciencia, tecnología e innovación que existe en el país, la renuncia de Julia Tagüeña Parga a la Coordinación del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT), abona más a este distanciamiento evidente entre las autoridades y encargados de impulsar al sector, y quienes han dedicado toda su vida y empeño a trabajar por el bien de la ciencia en el país. Los puentes están rotos y será muy complicado establecer nuevas relaciones que no pongan en entredicho el desarrollo científico por cuestiones científicas e ideológicas. La decisión de Tagüena Parga es lamentable porque se va una voz muy necesaria en medio de un escenario sin contrapesos suficientes y sin críticas y cuestionamientos sustentados. Se pierde, y mucho, porque la ausencia de la excoordinadora del FCCyT es otro paso más hacia el desmantelamiento de un organismo que tuvo presencia y se hizo escuchar en los últimos años.

Se entienden los motivos. Sin fondos para su operación y sin respetar el papel y la trascendencia que el FCCyT había ganado a lo largo de muchos años entre científicos, legisladores, académicos, periodistas y sociedad civil, era insostenible estar al frente de un organismo que, paulatinamente, iba a ser sustituido por otra instancia sin autonomía y apegado a los lineamientos gubernamentales. Como lo dijo la Doctora Tagüeña Parga durante una entrevista que tuvimos a finales del año pasado, publicada en el número 831 de Campus, lo más importante, ante todo, y por encima de las personas, era impulsar siempre la ciencia del país porque ese era el camino hacia el desarrollo. Y siempre institucional y comprometida con su labor, así lo deja estipulado al final de esa carta en la que presenta su renuncia. Y para que no lo entiendan o no quieran escucharlo, un país que no le apueste a este sector no tiene futuro. Y en ese marasmo ideológico que se quiere infundir se pierden recursos y tiempo valiosísimos.

Sin idea clara. Lo que ocurre en el sector de la ciencia es cada vez más preocupante. La visión que se quiere implementar es muy sesgada y los recursos son cada vez más contados. No es prioridad porque no embona en el proyecto y punto. También a finales del año pasado, hablé sobre el asunto con un exdirector del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y me expresó su desconcierto e inconformidad por la forma en que se estaba atendiendo esta cartera. No quiso entrar en mayores polémicas porque, dijo, los actuales encargados del Consejo, no eran muy afines al diálogo y a los acuerdos. Y así como iba la tendencia, en aquellos meses, aseguró que tarde o temprano la cosas caerían por su propio peso. Y el descontento de la comunidad científica es muy claro en ese sentido. Lamentablemente los canales de discusión y análisis no son muchos ya a estas alturas. El desprecio por la investigación es claro y no va a cambiar en lo que resta de esta administración.

No se alteran los tiempos. A pesar de la emergencia sanitaria, que mantiene muchas actividades en espera, los tiempos legislativos no quieren detenerse más allá de la cuenta. La Ley General de Educación Superior, se analiza y se discute en comisiones y se trata de avanzar lo más pronto posible para que en septiembre se apruebe y entre en vigor. Ese el plan que tanto senadores como diputados han asumido en los últimos días. Habrá que seguir de cerca las disposiciones que se agreguen en el tema de la autonomía universitaria, el llamado Registro Nacional de Opciones de Educación Superior y el esquema de evaluación. Lo ideal sería que se incluyan las observaciones hechas por las propias instituciones, pero los legisladores en estas cuestiones siempre resultan impredecibles.

Atentos a la nueva modalidad. En la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y en la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), se implementó un esquema que busca adaptarse a estos tiempos de confinamiento y sana distancia. Ambas aplicarán su examen de admisión totalmente en línea. Se trata de los primeros esfuerzos que aplican las universidades públicas en estos términos y de ello podrían depender otros ejercicios similares. La situación ha sido compleja para todas las casas de estudio y las alternativas que han buscado han tratado de ajustarse de la mejor manera. El objetivo es ganar tiempo y preservar la salud de la comunidad académica. Esperemos que salga todo dentro de lo esperado y que las instituciones de educación ganen terreno.

Carlos Reyes
cra19762003@yahoo.com.mx | + posts
A %d blogueros les gusta esto: