Carlos Fuentes, educador/ II

A diez años de su desaparición física, Carlos Fuentes se muestra en sus libros y conferencias como un visionario anticipado a los futuros cambios y necesidades de la educación

Carlos Fuentes distingue dos dimensiones esenciales de la educación.

Como se destacó en este espacio dos semanas atrás, Fuentes distingue dos dimensiones esenciales de la educación. Por un lado, la democrática (“para salvaguardar las libertades que vamos alcanzando”) y la de equidad (“volver efectiva la garantía de acceso a todos los niveles del sistema educativo”).

Las dos dimensiones hacen que la educación alcance, dentro de una nación, la categoría de bien público. En ese sentido, la sociedad y el Estado requieren de más “socios” para la enseñanza: “no sólo la base de la familia y el maestro, el niño y la escuela, sino comisiones locales, la autoridad pública, el sector privado, la sociedad civil y la comunidad internacional”.

Pero, como se ha demostrado en los países desarrollados, el progreso de una nación depende de la cantidad y la calidad de la educación que se imparta. Históricamente, afirma Fuentes, que, en el caso de México, con la Revolución “no hubo democracia. Pero hubo desarrollo: comunicaciones, instituciones, progreso económico y educación”. Ese proceso duró hasta 1968. En el inter, el literato destaca tres momentos esenciales en ese último ámbito: la obra de Vasconcelos, entre 1921-24, cuando se establece la SEP; la campaña alfabetizadora de Torres Bodet en 1943-46; la autonomía de la Universidad Nacional de 1929. En esos años “México se educó”. Y vaya que sí, baste recordar que, a principios de la década de los veinte, el 90% de la población del país era iletrada.

En el tema de la equidad, Fuentes asocia la cuestión de financiamiento a la operación de los sistemas educativos. Para ello acude a comparaciones internacionales que, además, remiten a la calidad misma del gasto. Una primera se refiere al armamento en el mundo: anualmente se gastan 800 mil millones de dólares en ese rubro, mientras que no se llega a la cifra de 6 mil millones que se hubieran gastado para ofrecer escuela a todos los niños del planeta en 2010. Una segunda comparación es más específica y se aplica en América Latina: cada vez que un país de la región compra un avión caza para su fuerza aérea, el precio del mismo es equivalente a 80 millones de libros escolares.

Dentro de los sistemas educativos la universidad es una pieza especial. La convicción de Fuentes sobre el valor de esta institución es enorme: “creo en la universidad. La universidad une, no separa. Conoce y reconoce, no ignora ni olvida”. Alude con ello a los espacios universitarios (la reflexión, la investigación, la crítica), otorgándoles el papel de “valladares que debemos oponer a la intolerancia, el engaño y la violencia”.

Con ese credo universitario se traslada al 68 nuestro: “descubrieron lo peor y lo mejor de México”. Por un lado, afirma que en ese momento existía un presidente de la República y un sistema que sólo podía tener como respuesta la represión. Como se ha repetido hasta el cansancio durante medio siglo: “el gobierno no tuvo respuestas políticas para un problema político”. Por otro, los estudiantes del Politécnico y la UNAM con su rector al frente; la acción de Barros Sierra, cabeza de la universidad, principalmente en los días del 68, lleva a Fuentes a calificarlo como uno de los “verdaderos grandes hombres del México contemporáneo”.

Conclusión. A diez años de su desaparición física, Carlos Fuentes se muestra en sus libros y conferencias como un visionario del México del nuevo siglo. Así, cuando se refiere a la educación de calidad, como aquella “que no le niega a nadie el derecho a la educación”, según lo afirmaba en 1997, se estaba anticipando un cuarto de siglo a lo que fue la reforma constitucional de 2019. Esta, entre otros de sus mandatos, establece a la educación superior con el carácter de obligatoria para ser impartida por parte del Estado; pero también, como gratuita, para que el estudiante matriculado no deba pagar por ese servicio.

Sobre algunas opiniones en torno a lo que a varios lectores les pareció excesivo, calificar a Fuentes como educador, habría que decir lo siguiente: a) su labor docente en varias universidades de Estados Unidos y Reino Unido fue de estancias permanentes y regulares, particularmente cuando sus dos hijos estaban pequeños, tal y como lo relata Silvia Lemus, su esposa. Además, está lo expresado por varios de sus alumnos, como muestra: “era un excelente comunicador, desbordaba inteligencia y sabiduría, mezclaba lo popular con lo más académico y demostraba un gran respeto por el lenguaje”; b) cuatro libros recopilan buena parte de sus escritos en torno a la temática educativa: Por un progreso incluyente (1997), Conferencias políticas. Educación sociedad y democracia (2018). En esto creo (2008). Tiempo mexicano (1972).

Sobre la firma
Ex secretario general ejecutivo de la Anuies | capafi2@ hotmail.com | Web

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