Apuntes de cuarentena / Juan Domingo Argüelles

Apuntes de Cuarentena

Cultura y lectura. Del Che Guevara a funcionarios del Issste, he aquí una serie de reflexiones para acompañarnos en estos días

APUNTES ARGUELLES
Juan Domingo Argüelles

Juan Domingo Argüelles

FABULACIONES
Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura.

Imaginación y poder

Cuando, en 1968, en Francia, se lanzó la consigna “La imaginación al poder”, no podía haber mayor ingenuidad ni más grande candor en sus optimistas creadores de consignas efectistas. La imaginación nunca puede estar en el poder, ¡nunca estará en el poder!, porque la imaginación es libertad, en tanto que el poder es control.

Feliz ignorancia

Releo el Regreso de la URSS de André Gide y me detengo en las líneas donde nos dice de qué está hecha la felicidad de los sojuzgados. Escribió: “El espíritu de la gente está moldeado de tal suerte que su conformismo le resulta fácil, natural, insensible, hasta el extremo que no encierra hipocresía. […] Lo importante aquí es convencer a la gente de que es todo lo feliz que se puede ser, en espera de días mejores; convencerla de que los demás, en el resto del mundo, no son tan felices. […] Su felicidad está hecha de esperanza, de confianza y de ignorancia. […] Su temor es que no estemos suficientemente informados sobre sus méritos. Su deseo respecto a nosotros [los extranjeros, los visitantes, los ajenos] no es tanto que les informemos, sino que los felicitemos”. El libro de Gide fue publicado originalmente en 1936, pero se lee como si hubiese sido escrito hoy, lo cual es muy desalentador. La historia se repite una y otra vez, cíclicamente, y por lo visto no aprendemos nada o, mejor dicho, no queremos aprender nada, a pesar de las horribles lecciones de la historia.

Ciegos y arrogantes

Ciegos por su fe, obstinados por su amor propio (el peor de los amores), han visto el horror y no se horrorizan, sino al contrario. Conocen la historia de las religiones ideológicas, con sus delaciones, persecuciones y matanzas, pero insisten en ella, se obstinan en repetirla, como si la misma vía pudiese llevar a otro camino que no sea, otra vez, la decepción, la sumisión, la demagogia, el autoritarismo y la tiranía desde el poder. Nunca reconocerán su arrogancia ni su ceguera. Son iguales a los fanáticos de ayer que loaron al tirano del momento; iguales a los bienintencionados que están seguros de su bondad, aunque tengan que pasar sobre la libertad de los demás y hasta apretar el gatillo de un arma para eliminar al que no es como ellos. (El Che Guevara era un experto en esto, y es idolatrado.) Son los fanáticos sin remedio que se irán a la tumba con sus más altas “convicciones” idólatras de matones por encima de cualquier admiración noble por escritores, artistas, bellezas, verdades. Su narcisismo siempre los conducirá a tener la razón, aunque nunca hayan sido razonables. No lo serán jamás. Sus delirios, sus megalomanías les impiden abrir los ojos y ver.

“Buena literatura”

Jamás los grandes autores clásicos, antiguos y modernos, dijeron o escribieron que hacían su obra porque los lectores “exigían” o mínimamente pedían “buena literatura”, y sin embargo escribieron obras maestras, perdurables, imperecederas. Hoy cualquier escritor dice que escribe porque los lectores “exigen buenas obras”. No conozco a esos lectores que tales cosas “exijan”. Conozco, en cambio, a quienes entran a una librería y pagan por libros lo mismo buenos que malos. Pero cuando un escritor asegura que los lectores “exigen buenas obras”, es obvio que ponen las suyas en la categoría de “buenas obras”. ¡Ni modo que no! ¡Hasta dónde han llegado la arrogancia, la vanidad y la megalomanía! Flaubert se afanaba hasta el sufrimiento en hacer una gran obra, pero no porque se lo exigiera ningún lector, sino porque se lo exigía él mismo. Esta es la diferencia entre un buen escritor (Flaubert) y un simple escritor que antes de escribir cualquier cosa ya están pensando en “su público” y, muy especialmente, en “su carrera literaria”. Y cuando un escritor cree que la literatura es una “carrera” es que no sabe qué es la literatura.

Ávidos lectores

Para impresionar “intelectualmente” hay quienes dicen ser, y no se sonrojan, “ávidos lectores”. Lo dicen en entrevistas, en sus fichas curriculares, en sus “hojas de vida” y hasta en sus conversaciones. Pero el adjetivo “ávido” (del latín avĭdus) significa “ansioso, codicioso”, y la “avidez” (“ansia, codicia”) puede ser de las más variadas cosas, incluidos, por supuesto, los libros. Por ello, que alguien se declare “ávido lector” no quiere decir que sea necesariamente un lector virtuoso; antes, por el contrario, puede tratarse de alguien que lee mil y una porquerías, y no por ello debemos felicitarlo o impresionarnos por su codicia de lecturas infames.

Certidumbre

Rebasados ya los 61 años me digo que una de las cosas que sí supe hacer fue conocer la realidad y no perderla nunca de vista. Con ello quiero decir que he aprendido a observar el comportamiento convenenciero y oportunista de muchos especímenes del género humano. Para ello es básico no tener una memoria muy corta, o en su defecto conservar notas, recortes de periódico, testigos irrefutables. Muchos de los que hoy son, ayer no fueron, y, al contrario, muchos de los que ayer fueron, hoy no son. Y pueden decir, escribir y declarar lo que quieran, pero la buena memoria y los archivos los delatan. Recuerdo a quienes se paseaban del brazo de los que hoy hay que aborrecer para ser “transformadores”. Es obvio que, deliberadamente, confunden la “transformación” con el “transformismo”. Convirtieron su oportunismo en pureza, y si se les cae la cara de vergüenza, se agachan, la recogen y se la vuelven a poner.

Castigo ejemplar

La Secretaría de la Función Pública castigó ¡ejemplarmente! al Dr. José Manuel Mireles Valverde, subdelegado del Issste en Michoacán, imponiéndole cinco días de suspensión y una amonestación pública por referirse en “términos inapropiados” a las mujeres derechohabientes del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. Mireles Valverde, quien el 5 de mayo de 2014, públicamente (en entrevista con Carmen Aristegui), aceptó tener relaciones con una menor de edad (pederastia), su novia y secretaria (de 17 años), hoy su esposa, de 21, les dijo “pirujas” y “nalguitas”. Este castigo tan ejemplar nos recuerda el viejísimo chiste de aquel acusado a quien el juez le impuso una multa de cien pesos por haberle mentado la madre. “¿Con cuánto dijo que me multa por mentarle la madre?”, preguntó el acusado. “¡Con cien pesos!”, respondió el juez. “Entonces –dijo aquél–, ahí le van dos mil pesos más, y apúnteme otras veinte mentadas de madre”.Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Juan Domingo Argüelles
Colaborador en Fabulaciones | + posts

Poeta, ensayista, editor, divulgador y promotor de la lectura. Sus libros más recientes son ¿Qué leen los que no leen? (Océano, 2017, nueva edición definitiva), Antología esencial de la poesía mexicana (Océano/Sanborns, 2017), Por una universidad lectora y otras lecturas sobre la lectura en la escuela (Laberinto, nueva edición definitiva, 2018), Las malas lenguas: Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas (Océano, 2018), La lectura: Elogio del libro y alabanza del placer de leer (Fondo Editorial del Estado de México, tercera edición, 2018) y Escribir y leer en la universidad (Anuies, 2019). En 2019 recibió el Reconocimiento Universitario de Fomento a la Lectura, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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